Florida/Policiales

El dolor y la culpa se juntaron en una sala de espera

Por una leve molestia decidí concurrir a la emergencia del sanatorio de Comef; minutos antes había ocurrido un accidente fatal

Por una leve molestia que arrastraba desde hacía una semana, el pasado sábado decidí concurrir a la emergencia del sanatorio de Comef en busca de un diagnóstico y una solución. Al llegar al lugar noté que se estaba bajo una situación de emergencia: ambulancias con sus puertas abiertas, funcionarios haciendo llamados, ruidos de handys, movimiento constante y una camioneta patrulla en el estacionamiento.

Lo había visto descender e ingresar a la sala de espera justo antes que yo. Entró rengueando y notoriamente dolorido anímicamente, tras haber bajado de un móvil de la Policía Caminera. Dos mujeres lo acompañaban e intentaban tranquilizarlo.

Luego fue al baño y al salir se quedó sentado en el asiento más cercano a la puerta de ingreso a los retretes. Lloraba, se tapaba la cara con las manos para que no lo vieran, intentaba cubrirse con la gorra que llevaba puesta, se arqueaba y estiraba sus piernas. “¿Por qué?”, se preguntaba, con culpa.

Los presentes no dejaban de mirarlo. El lugar estaba concurrido. Eran las 19:30. Había niños lesionados tras jugar sus partidos de baby fútbol, un joven con dolor en las costillas junto a su padre, madres con sus hijas –adolescentes y niñas- las que no entendían lo que pasaba e incluso se sonreían al ver la situación del hombre desesperado.

El rumor empezó a correr entre las presentes. Minutos antes había ocurrido un accidente entre un auto y una moto. La mujer que iba de acompañante en el ciclomotor ya había muerto y el hombre que conducía, su marido, peleaba entre la vida y la muerte.

Bajo la atenta mirada del policía que estaba recostado en el mostrador de atención al público, el hombre, llorando, seguía buscando respuestas y lamentando lo ocurrido. Las mujeres que estaban con él lo vieron, pensaban que seguía en el baño, y se le acercaron para darle ánimo. “Vamos a salir de esta”, le dijeron. Luego, el efectivo policial lo acompañó a una sala tras ser llamado por un médico.

A esa altura, la molestia por la que había ido a la emergencia había desaparecido. El dolor que tenía y manifestaba esa persona contagiaba al más frío e insensible. Pensé que era familiar de las víctimas que iban en la moto –el conductor fallecería horas después-, luego me enteré que él era quien manejaba el auto del accidente.

Por S. Amaya

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3 pensamientos en “El dolor y la culpa se juntaron en una sala de espera

  1. Sin palabras , a veces no nos percatamos de esas cosas hasta que nos tocan de cerca , creo yo que de ves en cuando viene bien pantallazo de la realidad, para darnos cuenta que la mayoría de las veces nos preocupamos por problemas sin sentido y banales y no disfrutamos lo lindo de estar vivos y con salud
    QEPD.

  2. Una historia escalofriante y sensibilizadora de un hecho real y lamentable, espero que las noticias mostradas de esta forma sirvan para que la gente tome conciencia cuando conduce y no que sean simplemente historias emocionantes en un diario digital

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